DEL EDITOR: POR LO MAS DELGADO…

arturo      Muchas familias que están en extrema pobreza, tienen por costumbre aprovechar todos los eventos políticos para, cuando menos, viajar y comer gratis, además que se les trata con amabilidad aunque sea por algunas horas o días.

Hay personajes típicos en toda concentración política en cada uno de nuestros pueblos, y por citar solo algunos, está “El Chemita”, “El Papitas” y “El Mane”, esto en la ciudad de Ruiz, ya que cada municipio se destaca con gente que no falla a mítines y acarreos de todos los partidos y candidatos.

La cuestión es que ahora se busca cortar a “los acarreados”, como despectivamente llaman a estas humildes personas gente adinerada o que representa a empresas que se dedican a dar noticias a través de la televisión y medios impresos de circulación nacional.

Dicen esos “intelectuales”, que no se debe pagar con alimento, refrescos o algunos pesos, a la gente que arriman partidos y políticos a los eventos públicos para que estos se vean totalmente llenos, con lo que vienen a perjudicar a las gentes más humildes y desamparadas de nuestros pueblos, por los que nadie ve y  menos les dan algo para que subsistan o tengan un trato decente digno de un ser humano.

Con esto comprobamos una vez más lo certero del dicho popular que asevera que la cuerda se revienta siempre por lo más delgado, como fue otro caso sucedido también en el municipio de Ruiz, en el que se tuvo la brillante idea de concesionar a un particular el basurero municipal.

De esta manera, una decena de familias de pepenadores, los que subsisten recolectando plástico, metal y papel, no pudieron vender libremente esos productos, ya que deben hacerlo ahora directamente con el que invirtió dinero para ser la única persona autorizada para la explotación de este tiradero de basura, el que incluso puede imponer  precio al trabajo de estas humildes personas.

Con estas disposiciones, si se quiere bien intencionadas, se perjudica a mucha gente pobre y miserable, ya que en ambos casos, el de los acarreos a los mítines y concentraciones políticas y las concesiones de los tiraderos de basura, son muchas las personas que subsisten con lo poco que consiguen con ambas actividades, y los críticos ni siquiera les presentan alternativas, como sería el que se hagan cargo ellos de dar alimento y bebida a los acarreados por los partidos y los políticos en campañas electorales, las que además, sin este folclor propio de nuestros pueblos, lucirían totalmente desolados.

En el caso de los pepenadores de basura, ahora estas personas han quedado totalmente a merced de un patrón que ni siquiera se debe preocupar por darles el más mínimo apoyo, y por el contrario, les puede imponer precios bajos a lo que sacan del basurero que ahora siente que es de su propiedad.

Con esto, se demuestra también lo verídico de los dichos populares de la gente de la costa, la que afirma que “para los méndigos no hay gloria”, o que “pobre del pobre que al cielo no va/ lo joden aquí y lo joden allá”.

También se demuestra que no se debe privatizar ni un solo servicio público municipal por insignificante que sea, ya que si hay quienes le sacan provecho a la basura, que no hará a quienes le entreguemos la distribución del agua, seguridad, alumbrado o le demos la oportunidad que controle las áreas de recreación de las familias, como son parques y jardines.

Debemos entender también que los empresarios suelen esclavizar y explotar a sus trabajadores, de los que suelen vivir con grandes comodidades y obtienen todas las ganancias que le es posible, por lo que por nada del mundo los mexicanos debemos permitir que se hagan más privatizaciones, y por el contrario, se debe exigir a quien sea nuestro próximo presidente de la República, que recupere para el país, el petróleo, electricidad y se de marcha atrás en la concesión de tierras al sector privado.

Y para que no haya más acarreados, la solución es simple: que se haga justicia a todos los mexicanos y ya no haya personas con apremiantes necesidades, incluso la de alimentarse, pues teniendo dinero suficiente nadie se presta a escuchar las mentiras que dicen todos los políticos en la tribuna.

 

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