DEL EDITOR: UNA REVOLUCIÓN VENCIDA

 

arton31412      Los mexicanos nacidos en la década de los años 40’s tuvimos la dicha de recibir beneficios del sacrificio realizado por nuestros ancestros inmediatos, padres y abuelos, quienes decidieron, con coraje y determinación, rechazar un gobierno que solo daba garantías a la clase rica y poderosa de la época de principios del siglo XX.

Fueron los ideales de los hermanos Flores Magón los que despertaron la conciencia de las mayorías en el México de antaño, los que hizo suyos a través de la lucha política electoral el llamado mártir de la democracia, Francisco Indalecio Madero, quien convocó a los mexicanos a la rebelión contra el tirano dictador Porfirio Díaz.

En 1911, el rico hacendado norteño Francisco I. Madero se convirtió en Presidente de México, prometiendo hacer justicia a los mexicanos pobres que vivían en el campo, siendo su asesinato el que despertó al país que se fue en cruenta lucha para destruir a las familias que por décadas los explotaron y marginaron totalmente.

Esta revolución que se prolongó por años logró que se creará una Constitución justa, mediante la cual se reconocía a los campesinos como dueños de la tierra que trabajaban y a los obreros sus derechos laborales y libre asociación, por lo que ya en los años 1920 se comenzó a repartir la tierra y acabar con los grandes latifundios que detentaban los hacendados, creando de paso el gobierno un banco para habilitar a loa agraristas de recursos para que hicieran producir las parcelas que les dejaban en posesión y como herencia para sus descendientes.

Muchas empresas privadas comenzaron a nacionalizarse, entre éstas la del petróleo, ferrocarriles, las que comerciaban con las cosechas del campo y posteriormente la electricidad, dejando en claro el gobierno de ese entonces, que todos los bienes nacionales debían ser para beneficio de los mexicanos más pobres.

Fueron décadas de bonanza en los que florecieron industrias a nivel nacional, como el cine, y muchos pobres tuvieron acceso a la educación en las normales rurales y las universidades públicas, lo que comenzó a decaer por allá en los años de 1970 y vimos la debacle de los gobiernos revolucionarios de esa fecha a la década de los años 90’s.

Pocos mexicanos entendimos que el país se estaba hundiendo, que los traidores a la Patria habían logrado otra vez estar al frente del gobierno, que se habían aliado con el gran capital mundial y a través de la iniciativa privada y el imperialismo internacional, estaban a punto de ahogar otra vez al pueblo con sangre de millones de mexicanos inocentes.

La maltrecha Revolución Mexicana que nos había dado tanto, comenzaba a ser derrotada por sus enemigos naturales: los ricos empresarios.

La mayor descomposición de nuestra nación se dio a partir del año 2,000, cuando por acuerdos entre los traidores políticos del PRI, gobiernos de los países capitalistas encabezados por los estados Unidos y los traidores a la nación encubiertos en el Partido Acción Nacional, tomaron las riendas de la Patria Mexicana para acabar definitivamente con todo vestigio de los ideales de nuestra revolución, lo que lograron en menos de dos décadas con las reformas constitucionales y la privatización total de todos los bienes de la nación.

Lógicamente que los malos gobiernos capitalistas de ultra derecha sacrificaron cada vez más a los campesinos y los trabajadores, sus enemigos de clase, cobrando revancha de la derrota que sufrieron sus antepasados en la etapa revolucionaria de nuestra nación y en los primeros gobiernos surgidos de este movimiento justiciero del pueblo humilde, por lo que de inmediato reformaron la ley para acabar con los ejidos, privatizando de nuevo la tierra que poco a poco regresa a los millonarios a través de empresas agrícolas y emporios turísticos donde antes había ejidatarios pobres.

Otra vez el panorama es desolador para los mexicanos humildes, ya que ahora, al no poseer más bienes que sus propias vidas y totalmente derrotada la Revolución de 1910, éstas les son arrebatadas a través de un clima de violencia propiciado por las desmedidas ambiciones del capitalismo mundial, el cual medra con el dolor y sacrificio de los seres humanos, pues sus ansias de poder son insaciables.

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